23 ene 2026

Elon Musk anima en Davos a convertir la España vaciada en la "central eléctrica" de Europa


Cuando Elon Musk sugirió que zonas poco pobladas de España podrían generar una parte sustancial de la electricidad que necesita Europa, muchos interpretaron la afirmación como una provocación. Sin embargo, más allá del titular, la idea apunta a una realidad profunda: España dispone de uno de los mayores recursos solares de Europa y, bien gestionado, podría convertirlo en una palanca de transformación económica, industrial y territorial.

No se trata de “cubrir el país de placas”, sino de construir, de forma planificada, un nuevo pilar estratégico para la economía española.

De productor nacional a exportador energético europeo

España ya es un actor relevante en renovables, pero el siguiente salto consiste en pasar de cubrir su propia demanda a convertirse en exportador neto de electricidad limpia hacia el centro de Europa. Esto permitiría:

  • Reducir la dependencia europea de combustibles fósiles importados.

  • Estabilizar precios energéticos a largo plazo.

  • Posicionar a España como infraestructura crítica del sistema energético europeo.

Este papel no sería simbólico, sino comparable al que hoy juegan los grandes países gasistas o nucleares, pero con una base 100% renovable.


Infraestructura inteligente: redes, almacenamiento y resiliencia

La clave no está solo en generar más, sino en hacerlo bien:

  • Nuevas interconexiones eléctricas con Francia y el resto de Europa.

  • Líneas de alta capacidad (HVDC) para transportar energía a largas distancias.

  • Grandes sistemas de almacenamiento (baterías, bombeo hidráulico, hidrógeno verde).

  • Digitalización de redes para una gestión flexible y segura.

Esto supondría una modernización profunda del sistema eléctrico español, aumentando su fiabilidad y valor estratégico.

Reindustrialización verde: del sol a la fábrica

La gran oportunidad no es solo vender electrones, sino usar esa energía barata para atraer y crear industria:

  • Producción de hidrógeno verde.

  • Acero y cemento verdes.

  • Química sostenible.

  • Fabricación de baterías y componentes eléctricos.

  • Centros de datos y economía digital intensiva en energía.

Así, España no sería solo “la batería de Europa”, sino uno de sus nuevos polos industriales.

Empleo de calidad y oportunidad para el medio rural

Un despliegue ordenado generaría empleo en múltiples niveles:

  • Construcción e instalación.

  • Operación y mantenimiento.

  • Redes, ciberseguridad y gestión energética.

  • Industria asociada.

  • Servicios técnicos y formación.

Esto permitiría llevar empleo cualificado a zonas rurales, contribuyendo a combatir la despoblación con actividades estables y bien remuneradas.

Ingresos públicos y fortalecimiento del Estado del bienestar

Con un diseño adecuado, parte de las rentas energéticas podrían revertir en:

  • Ingresos fiscales estables.

  • Cánones territoriales para municipios.

  • Participación pública en infraestructuras estratégicas.

  • Fondos para educación, I+D y transición justa.

La energía pasaría a ser no solo un sector económico, sino una fuente estructural de financiación pública.

Liderazgo europeo y peso geopolítico

Convertirse en un nodo energético clave daría a España:

  • Mayor influencia en la política energética europea.

  • Capacidad de atraer inversión estratégica.

  • Un papel central en la transición climática del continente.

Esto reforzaría su posición no solo económica, sino también política dentro de la UE.

Una oportunidad que depende de decisiones

Nada de esto ocurre automáticamente. El éxito dependerá de:

  • Política industrial activa.

  • Participación pública y control estratégico de infraestructuras.

  • Formación masiva de técnicos e ingenieros.

  • Integración territorial y diálogo con el mundo rural.

  • Reparto justo de beneficios.

La tecnología ya existe. Lo que marcará la diferencia es cómo se diseñan las reglas del juego.

Conclusión

La idea de convertir a España en una gran potencia energética renovable europea no es una fantasía, sino una posibilidad histórica. Bien implementada, podría transformar el modelo productivo del país, impulsar la reindustrialización, crear empleo de calidad y reforzar el Estado del bienestar.

Más que una visión futurista, es una decisión estratégica: aprovechar el sol no solo para generar electricidad, sino para generar prosperidad, industria y liderazgo europeo.