24 ene 2026

La energía: el gran reto europeo… y su gran oportunidad


Durante los últimos años, Europa ha descubierto algo que durante décadas dio por sentado: la energía no es solo un bien económico, sino un pilar de soberanía, competitividad y estabilidad política. La crisis energética derivada de la guerra en Ucrania no creó el problema, pero sí lo hizo visible de forma brutal.

Hoy, la Unión Europea se enfrenta a un desafío histórico: reconstruir su modelo energético para que sea seguro, asequible y propio. La buena noticia es que, por primera vez, las herramientas para lograrlo están realmente al alcance.


Los grandes retos energéticos de Europa

1. Dependencia externa y vulnerabilidad geopolítica

Durante años, la UE apostó por importar energía barata, especialmente gas. Esa estrategia redujo costes a corto plazo, pero creó una dependencia estratégica que hoy se ha demostrado peligrosa. Cuando la geopolítica cambia, la factura no es solo económica: es política e industrial.

2. Infraestructuras insuficientes

Europa no construyó un verdadero mercado energético integrado. Las redes eléctricas, los almacenamientos y las interconexiones entre países han avanzado demasiado lento. El resultado es paradójico: hay zonas con abundancia de energía y otras con escasez, pero sin capacidad suficiente para compartirla.

3. Permisos lentos y fragmentación regulatoria

Mientras Estados Unidos y China aceleran proyectos energéticos e industriales, Europa sigue atrapada en procesos administrativos largos y complejos. Esto retrasa inversiones clave justo cuando el tiempo es un factor estratégico.

4. Pérdida de competitividad industrial

La energía cara no solo afecta a los hogares. Afecta directamente a la industria: acero, química, automoción, fertilizantes. Sin energía competitiva, Europa corre el riesgo de perder tejido industrial y, con él, peso económico y geopolítico.


La gran oportunidad: el nuevo mapa energético europeo

Aquí es donde el panorama cambia. A diferencia del pasado, hoy Europa tiene algo que antes no tenía: una fuente de energía estratégica abundante, propia y limpia.

1. España y Portugal: el gran motor solar y eólico de Europa

La Península Ibérica es uno de los mayores activos energéticos de la UE:

  • Altísima radiación solar

  • Excelente recurso eólico

  • Costes de generación renovable muy bajos

España y Portugal pueden producir electricidad renovable más barata que muchos países del centro y norte de Europa. Esto no es solo una ventaja nacional: es una ventaja estratégica para toda la UE.

En términos energéticos, Iberia puede ser para Europa lo que el gas del Mar del Norte fue en el pasado, pero de forma limpia, sostenible y sin dependencia externa.


2. Interconexiones: la reclamación histórica

Aquí está el cuello de botella clave.

Desde hace décadas, España y Portugal reclaman mayor capacidad de interconexión con Francia y el resto de Europa. Sin esas líneas:

  • La energía barata ibérica no puede fluir al resto del continente

  • Los precios no convergen

  • El mercado único energético queda incompleto

Esta no es una cuestión técnica menor: es una decisión estratégica europea pendiente.

Invertir en interconexiones no es solo infraestructura:

  • Es integración real

  • Es seguridad energética

  • Es competitividad industrial

Es, literalmente, completar el mercado único.


3. Redes, almacenamiento y velocidad administrativa

Las renovables requieren algo más que paneles y aerogeneradores:

  • Redes eléctricas modernas

  • Almacenamiento (baterías, hidráulica, hidrógeno)

  • Permisos rápidos y predecibles

Aquí Europa puede ganar mucho sin inventar nada nuevo: simplemente acelerando y coordinando mejor.


4. Una transición pragmática

Mientras las renovables escalan, muchas voces defienden mantener tecnologías de respaldo como la nuclear durante más tiempo. No como contradicción climática, sino como puente de estabilidad para garantizar precios razonables y seguridad de suministro.

Esto no es ideología: es gestión del riesgo.


Un nuevo contrato energético europeo


Europa no está condenada a la decadencia energética. Al contrario: tiene una oportunidad histórica de reconstruir su modelo sobre bases más sólidas:

  • Energía propia

  • Integración real

  • Infraestructura moderna

  • Menor dependencia geopolítica

España y Portugal pueden ser protagonistas de esta nueva etapa. Pero para que eso ocurra, Europa debe cumplir una promesa largamente aplazada: conectar de verdad la Península Ibérica con el corazón energético del continente.

No es solo una obra pública.
Es una decisión estratégica sobre qué tipo de Europa queremos: una Europa dependiente y vulnerable, o una Europa integrada, competitiva y energéticamente soberana.

Por primera vez en décadas, la energía no es solo un problema. Puede ser una de las mayores palancas de fortaleza europea del siglo XXI.