26 mar. 2018

¿Te gusta respirar?

Inolvidable anuncio. La mano por la ventanilla del coche, moviéndose en el aire como si fuera un pájaro: libertad, confianza, placer. ¿Te gusta conducir?

Las campañas de publicidad de las marcas alemanas de coches figuran entre las más premiadas. Sin embargo, los valores que intentan transmitirnos contrastan con las malas prácticas de los fabricantes, cuyos escándalos no dejan de sucederse. El último lo hemos conocido esta misma semana.

Someter a personas sanas a la inhalación de gases tóxicos para comprobar cómo les afecta a la salud. Hasta esos niveles de infamia ha llegado la industria alemana del automóvil en su desesperado intento por salvar al diésel, base de su desarrollo, de una muerte segura.


Tocado y hundido por las medidas que se están tomando en todo el mundo para combatir la contaminación atmosférica, los fabricantes alemanes de automóviles parecen dispuestos a hacer lo que sea necesario para alargar al máximo la vida del motor de gasóleo, incluso a poner en juego el alto prestigio alcanzado por sus propias marcas.

Tras el bochornoso caso del “dieselgate” sobre las artimañas de Volkswagen para falsificar las emisiones de sus coches, el New York Times revelaba hace un par de semanas que un lobby promovido por BMW, Volkswagen, Mercedes-Benz (Daimler) y Bosch, había financiado ensayos de laboratorio con monos para intentar demostrar el efecto inocuo de las emisiones de los vehículos diésel en su organismo y negar los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que los acusa de cancerígenos. Pero hay más.



El dióxido de nitrógeno fue responsable de alrededor de 78,000 muertes en Europa en 2014, según la Agencia Europea del Medio Ambiente