19 oct 2026

El mundo instala baterías a toda velocidad… pero los gobiernos siguen mirando por el retrovisor

El almacenamiento energético vive una expansión sin precedentes. Sin embargo, un nuevo informe de Ember revela una paradoja: mientras la tecnología y el mercado aceleran, los objetivos políticos siguen quedándose atrás. La cuestión ya no es únicamente cuántas baterías necesitamos, sino cómo convertirlas en una verdadera ventaja competitiva.

Una brecha de 678 GW que cuenta mucho más de lo que parece

El último informe de Ember, publicado el 15 de octubre de 2026, pone cifras a una contradicción cada vez más evidente en la transición energética.

Los objetivos nacionales de almacenamiento para 2030 suman actualmente 822 GW, frente a los 1.500 GW comprometidos internacionalmente en la COP29. Es decir, los planes gubernamentales se sitúan un 45% por debajo de la ambición mundial.

Pero hay un detalle especialmente revelador.

Durante 2025 se instalaron 118 GW de almacenamiento, de los cuales 108 GW correspondieron a baterías. La capacidad mundial acumulada alcanzó los 430 GW.

Si mantuviéramos simplemente ese ritmo anual hasta 2030, superaríamos los 1.000 GW de almacenamiento, bastante por encima de los objetivos nacionales actuales.

El problema, por tanto, no es que el mercado esté creciendo demasiado despacio para cumplir los planes existentes. Es que los planes están creciendo más despacio que el propio mercado.

Y esto debería hacernos reflexionar.

La revolución silenciosa de las baterías

Europa ha pagado 100.000 millones más por la misma energía. ¿Cuántas baterías y renovables podríamos haber construido?

La factura energética europea vuelve a dispararse. Ursula von der Leyen reconoce un sobrecoste de 100.000 millones de euros en combustibles fósiles importados desde febrero. El problema no es solamente cuánto cuesta la energía, sino quién controla su precio y por qué Europa continúa pagando por una dependencia que compromete su competitividad.

100.000 millones de euros. Ni una molécula adicional.

Hay cifras que explican mejor la situación energética europea que cualquier discurso político.

El pasado 6 de octubre, ante el Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen reconoció que, desde finales de febrero, el encarecimiento de los combustibles fósiles importados había supuesto 100.000 millones de euros adicionales para Europa, sin recibir una sola molécula más de energía.

En ese mismo periodo, según la presidenta de la Comisión Europea, el gas se había encarecido un 140% y el diésel había duplicado su precio.

Pensemos en lo que significa.

Europa ha tenido que dedicar una cantidad extraordinaria de recursos a adquirir esencialmente la misma energía. No ha ganado capacidad industrial, ni autonomía energética, ni una infraestructura adicional que la proteja de la próxima crisis.

Simplemente ha pagado más.

Y lo preocupante es que buena parte de esa factura depende de acontecimientos sobre los que Europa tiene escasa capacidad de influencia.

Hemos cambiado de proveedor, pero no hemos eliminado la dependencia

El gas pierde la batalla de las cuatro horas. Y los centros de datos podrían cambiar las reglas del juego.


Wood Mackenzie confirma que los BESS de cuatro horas ya son más competitivos que las turbinas de gas de punta en los 43 mercados analizados. Pero la verdadera revolución podría estar en cómo diseñamos y alimentamos los centros de datos del futuro.

Durante años, las turbinas de gas han sido una de las soluciones tradicionales para cubrir los picos de demanda eléctrica. Cuando el sistema necesitaba potencia adicional, bastaba con arrancar una instalación capaz de generar electricidad mientras hubiera combustible disponible.

Ese modelo empieza a encontrarse con una alternativa económicamente muy competitiva: las baterías.

El pasado 8 de octubre, Wood Mackenzie publicó una conclusión significativa: los sistemas de almacenamiento energético BESS de cuatro horas presentan ya un coste nivelado de electricidad (LCOE) inferior al de las turbinas de gas de ciclo abierto en los 43 mercados donde se compararon ambas tecnologías.

No estamos hablando de una proyección para 2040. Es una evaluación correspondiente a 2026.

16 oct 2026

La AIE identifica hasta 330 GW de capacidad potencial en las redes existentes: la próxima revolución eléctrica será también regulatoria

Europa necesita nuevas infraestructuras eléctricas, pero también redes más inteligentes, almacenamiento energético y un marco regulatorio que premie la eficiencia. Un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energía cuestiona la forma en que planificamos y aprovechamos la capacidad eléctrica.

Europa se enfrenta a una paradoja energética

Europa está invirtiendo miles de millones en energías renovables, electrificación industrial, movilidad eléctrica y centros de datos. Sin embargo, una parte creciente de estas inversiones se encuentra con un obstáculo: la capacidad de acceso a las redes eléctricas.

El problema no es únicamente la falta de infraestructuras. También es la manera en que utilizamos las existentes.

El informe Modernising Grids in the Age of Electricity, publicado el 21 de septiembre de 2026 por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), introduce una conclusión especialmente importante: la modernización digital puede liberar capacidad eléctrica significativa sin necesidad de esperar siempre a nuevas líneas o subestaciones.

España tiene 48 GW de baterías en tramitación. Pero ¿cuántas serán realmente rentables?


El almacenamiento energético se ha convertido en una pieza fundamental de la transición eléctrica española. Sin embargo, el verdadero desafío ya no consiste únicamente en instalar baterías, sino en transformar la flexibilidad en ingresos sostenibles y financiables.

España está entrando en una nueva etapa de su transición energética.

Durante años, el gran objetivo fue instalar más capacidad renovable y reducir el coste de generación. Hoy, el crecimiento fotovoltaico está revelando una realidad cada vez más evidente: producir electricidad barata no garantiza que esa electricidad tenga valor cuando llega al mercado.

El reciente informe Asesor de Mercado 2026 YTD, publicado por Agere Infrastructure Partners con datos hasta septiembre de 2026, ofrece cifras especialmente reveladoras.

Y plantea una cuestión que debería preocupar tanto a los promotores renovables como a los inversores, fabricantes y responsables de política energética:

¿Estamos desarrollando almacenamiento al ritmo que necesita el sistema o estamos construyendo una nueva carrera especulativa alrededor de las baterías?

1. La gran paradoja española: 322 MW operativos frente a 48 GW de solicitudes

15 oct 2026

Aragón prepara 8 GW de nueva demanda eléctrica: el verdadero reto no será producir más energía, sino saber gestionarla

España está entrando en una nueva fase de su transición energética. Ya no basta con instalar más renovables: ahora necesitamos redes capaces de conectar nuevos consumidores y sistemas de almacenamiento que permitan gestionar la electricidad donde y cuando se necesita.

La nueva propuesta de planificación de la red de transporte eléctrico para Aragón, con horizonte 2030, representa un buen ejemplo de este cambio.

Según la información publicada por Energías Renovables el 15 de octubre, el Ministerio para la Transición Ecológica contempla:

  • ⚡ 8 GW de capacidad para atender nueva demanda eléctrica, la mayor cifra entre las comunidades autónomas.

  • 🌬️ 5,8 GW de capacidad de acceso para generación renovable, principalmente eólica.

  • 🔋 1,4 GW de capacidad de acceso para almacenamiento, incluyendo centrales hidroeléctricas de bombeo reversible.

  • 🔌 957 kilómetros de nuevas líneas eléctricas y otros 1.189 kilómetros de repotenciación.

  • 🏗️ 10 nuevos parques de subestaciones.

Los centros de datos concentran la mayor parte de las nuevas necesidades de potencia, junto con la industria, el hidrógeno y la electrificación del transporte.

Pero detrás de estas cifras aparece una cuestión mucho más importante.

Una red más grande no garantiza por sí sola un sistema más flexible

España tiene renovables, pero no puede permitirse parar las centrales de gas. ¿Dónde están las baterías?

Red Eléctrica interviene en los planes de mantenimiento de más de un centenar de instalaciones después de que la indisponibilidad de los ciclos combinados alcanzara niveles inusuales. La situación revela una contradicción de nuestra transición energética: avanzamos en generación renovable, pero seguimos dependiendo del gas para garantizar la seguridad del suministro.

España dispone de una enorme capacidad de generación renovable. En determinadas horas, la producción solar y eólica permite obtener electricidad a precios extraordinariamente competitivos.

Sin embargo, mientras seguimos instalando megavatios renovables, Red Eléctrica se ve obligada a intervenir para asegurar la disponibilidad de centrales convencionales.

¿Cómo es posible que un país que aspira a liderar la transición energética no pueda prescindir de una parte significativa de sus centrales de gas?

La respuesta es incómoda: porque generar electricidad renovable no equivale necesariamente a disponer de potencia firme, flexibilidad y estabilidad cuando el sistema las necesita.

Un 35 % de indisponibilidad: una señal de alerta